Por qué triunfa la desinformación


Si conocen los principios de la propaganda nazi reconocerán muchas de sus prácticas en la actualidad. Si no los conocen, ya se lo cuento yo.

Antes, recordemos la figura de Goebbels, ministro de propaganda nazi. Este perverso, pero astuto personaje, fue el responsable de manipular las mentes de todo el pueblo alemán. Siguiendo el método que enseguida reconocerán consiguió que Alemania pensara y actuara según la doctrina del infame líder, Hitler. Y ya sabemos lo que ocurrió.

El principal objetivo es conseguir que los individuos dejen de pensar por sí mismos y pasen a ser engullidos por una masa, cuyo pensamiento único dirigirá el líder. Es más fácil dirigir a un solo elemento, a una masa, que a miles de personas cada una con una idea diferente.

No importa si el líder es un hombrecillo con calzas, como Hitler, o con voz de pito, como Franco o si se esconde baja una sábana blanca con capucha como el líder del Ku Klus Klan. El Goebbels de turno le convertirá en un semidiós al que la masa adorará. Puede ser un cretino o un auténtico cabrón, sólo tiene que sobreactuar, usar la oratoria con discursos ensalzados y gestos exagerados.

¿Cómo se unen individuos? Creando un enemigo común. Es el truco más viejo del mundo. Si no lo hay, se inventa. Los nazis usaron a los judíos para cargarles la culpa de todo, Franco a los “rojos”. Los hispanos y los negros eran el objetivo de Trump.

El líder se sube al atril. Crea un discurso para enardecer a las masas. La masa siente que sus penas, sus problemas, sus miserias son culpa de otro. Adapta el mensaje a lo que más le convenga. Se siente mejor.

Ya tenemos a una masa con un solo pensamiento inoculado. Ahora es un grupo. Tiene que diferenciarse de los demás. Creerse superior. La masa tiene mucha más fuerza que el individuo. Tiene que marcar territorio. Necesita señas de identidad: símbolos, banderas, eslóganes, un ideario.

Y durante todo este proceso y ahora que la masa está vestida, va de la mano de un líder, se siente poderosa y tiene un enemigo a quien culpar de sus problemas, hay que mantener la llama, avivarla y llegar hasta el final.

En todo el proceso la maquinaria de propaganda, de creación de noticias, es fundamental. Son mensajes hechos a medida, la masa los consume porque confirman lo que el líder les ha transmitido. El enemigo es malo, cada vez más malo, mira lo que hace, fíjate cómo quiere perjudicarte, habrá que decidir: el enemigo o tú. No se puede convivir, hay que acabar con él.

Si no hay noticias, el líder y sus acólitos las inventan, las tergiversan, las difunden de forma masiva, en las redes o creando medios de comunicación propios. Los mensajes serán sencillos, incluso vulgares, que la masa no tenga que pensar mucho, que le lleguen al hígado, que produzcan emociones, cuanto más bajas mejor.

Harán lo imposible para que la masa nunca piense por sí misma, tienen que atontarla. Y los mensajes se repetirán una y otra vez, martilleando a ese montón de individuos que piensan y se comportan como un total. La propagación de las noticias falsas es cuestión de tener a un montón de orquestadores trabajando para mantener a la masa convencida, que se sienta acompañada, fuerte, con la esperanza puesta en su Tarzán y sus monos.

Por eso, todo es más fácil si se adoctrina desde la infancia. Los niños pasarán a ser hombres al servicio de la causa y la predicarán con el mismo afán que la escucharon. Y lo harán si replantearse los argumentos porque los aprendieron de quien confían, de los que anularon su capacidad de cuestionar el ideario.

No hace falta recordar la eficacia de la propaganda nazi. Sin embargo, no la inventaron ellos, solo la utilizaron de manera eficaz, con un objetivo repugnante, pero toda manipulación en sí misma es rechazable.

No perdamos de vista lo que lleva pasando en los últimos años. Seguramente tras cada párrafo han podido identificar voceros y mantras actuales. Hoy en día, con las plataformas digitales, las noticias falsas y los bulos se difunden de forma masiva, rápida, imparable. Su misión es infundir miedo y aturdir el pensamiento crítico.

En una sola semana y sin buscarlos me he topado con estos 4 intentos de manipulación.

  1. Un señor al que le encanta negar el cambio climático. Lo llama «neo-religión» y se apoya en una gráfica engañosa.
  2. Otro señor que intenta ridiculizar a toda una magistrada falseando un video con la ley del “Sí es sí”.
  3. Okdiario, le encanta la bilis. Hay más como este.
  4. Y luego está el típico tuitero que se apaña el logo que no le pertenece para hacerse pasar por alguien autorizado. Cuenta desacreditada.

Es conveniente ir identificando emisores que contribuyen a la desinformación.

Pero la buena noticia, y esta es veraz, es que sigue existiendo un periodismo honesto. Ellos mantienen una profesión fundamental para la sociedad. Además, ante esta amenaza que desacredita el oficio han surgido los fact checking o verificadores (Maldita, Newtral, etc) que se encargan de chequear, comprobar, verificar y publicar las mentiras y bulos que nos invaden. Hay que consultarles.

La sociedad se enriquece con la diferencia de criterios, con el debate, pero basado en argumentos solventes, en la investigación científica, en las fuentes honestas. Cuando una persona deja de cuestionar lo que lee, lo que escucha e incluso lo que ve, se pone al servicio del cretino de turno y le entrega su libertad de pensamiento. Es asqueroso, pero sobre todo es muy peligroso.

Del porqué nos creemos estos bulos y de cómo combatirlos, se da cuenta en este video

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